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Benidorm Fest vs Sanremo: ¿Laboratorio eurovisivo o el triunfo de la identidad?

18 de septiembre de 2026 · Aitor Fernández

Los logos oficiales de Benidorm Fest 2026 y Sanremo 2026 uno junto al otro, separados por un divisor con un VS en el centro

Imagen de portada: composición de BeniFest con los logos oficiales de Benidorm Fest 2026 (RTVE) y del Festival de Sanremo 2026 (Wikimedia Commons, dominio público).

¿Cómo se construye la candidatura perfecta para Eurovisión? En el sur de Europa hay dos respuestas radicalmente opuestas. Por un lado, España y su Benidorm Fest, un formato joven y milimétricamente diseñado para el festival; por el otro, Italia y el eterno Festival de Sanremo, una institución cultural que existía mucho antes que la propia Eurovisión.

¿Qué sistema funciona mejor? Analizamos las tripas de ambos formatos para entender cómo la tradición y la vanguardia compiten por el micrófono de cristal.

Benidorm Fest: el laboratorio del pop moderno

Nacido en 2022, el Benidorm Fest no oculta su verdadera razón de ser: es una plataforma de lanzamiento diseñada por y para Eurovisión. Aquí no hay espacio para la improvisación técnica; todo está calculado para replicar la experiencia del escenario europeo.

Puestas en escena de nivel internacional: a diferencia de otros festivales, en Benidorm el concepto visual y la coreografía son tan importantes como la voz. Los artistas compiten con pistas pregrabadas y realizan puestas en escena pensadas para el espectador internacional.

La regla de los tres minutos: todas las canciones nacen adaptadas a las normas estrictas de la Unión Europea de Radiodifusión (UER).

El blindaje del jurado: con un 50% del peso del voto en manos de un jurado experto (nacional e internacional), RTVE busca asegurar un filtro de calidad técnica y potencial exportable, minimizando los riesgos del voto por simpatía o los fenómenos virales. El otro 50% se reparte entre televoto (25%) y jurado demoscópico (25%), el sistema que se aplicó en la edición de 2026.

Sanremo: la música italiana por encima del festival

En el país de la bota, las cosas se mueven a otro ritmo. Sanremo no es una preselección para Eurovisión; es el evento social y musical más importante del año en Italia. Eurovisión es, simplemente, un premio de consolación muy prestigioso.

La pureza de la orquesta: en el Teatro Ariston no hay bases pregrabadas para los instrumentos. Una imponente orquesta en vivo acompaña a los artistas, lo que prima la calidad de la composición y el directo puro sobre el espectáculo visual.

Sin límites eurovisivos: las canciones en Sanremo pueden durar hasta cuatro minutos, un minuto más que el límite de Eurovisión, y no están pensadas para impactar a un jurado internacional, sino para arrasar en las listas de radio italianas.

Democracia mediática: el sistema de votación italiano reparte el poder entre el público (televoto), la sala de prensa y las emisoras de radio, cada uno con un peso similar. Es un reflejo fiel de lo que consume el país, no de lo que busca Europa.

Dos caminos distintos

La gran diferencia radica en el punto de partida. España construye un producto competitivo para el exterior, un laboratorio donde se pule cada plano de cámara y cada nota. Italia, en cambio, exporta su propia identidad sin alterar una sola coma, obligando a Eurovisión a adaptarse a su música y no al revés.

Mientras el Benidorm Fest sigue consolidándose como el gran escaparate del pop español contemporáneo, Sanremo demuestra que, a veces, la mejor estrategia internacional es ser profeta en tu propia tierra. Dos formas de entender la televisión, el espectáculo y, sobre todo, la música.